Nacida en Tetuán (Marruecos), reside en España desde 1992 y actualmente vive en Conil de la Frontera (Cádiz).
Es poeta y escritora bilingüe en español y árabe. Desde muy joven cultiva la poesía y el relato breve, y en su obra confluyen la memoria, el mar, la naturaleza, la nostalgia y el encuentro entre dos culturas y dos orillas.
Ha publicado poesía y haikus, y ha colaborado en diversas revistas literarias y antologías. Su trayectoria incluye la participación en encuentros poéticos y festivales internacionales, tanto presenciales como virtuales.
En 2018 publicó, junto a la poeta María Sánchez, su primer libro, presentado en la Feria del Libro Hispano-Árabe CIHAR, en Granada. Posteriormente publicó el libro de haikus en árabe Yo y el mar.
Su poesía nace del diálogo entre dos lenguas y de una mirada íntima sobre la vida, donde el mar se convierte en puente entre la memoria y el presente.
Entre las calles de París
En París, caminaba
como si aprendiera mi nombre
por primera vez.
Dejé atrás una puerta cerrada,
sin saber si era la puerta de una casa
o la de una vida entera.
Y para cruzar, no tenía
más que una ventana
que se abría hacia otro lugar del alma.
Allí,
conversé con el pintor
que escondió los Campos Elíseos
en un lienzo que aún respira.
Después seguí mi camino,
buscando a Victor Hugo,
no para leerlo,
sino para pedirle prestado a su lenguaje
un sueño lo bastante amplio
para abarcar todo lo que no dije.
Y de una calle a otra,
París
me iba escribiendo
antes de que yo pensara en escribirla.
Como si las grandes ciudades
no nos regalaran sus nombres,
sino que nos devolvieran
aquellos nombres nuestros
que habíamos olvidado.
Malika El Bouzidi
París — 12/07/2026.
La memoria de las ruinas
Entre las ruinas,
camino despacio.
El viento deshoja
mi silencio.
Los valles guardan
una voz lejana,
y el agua recoge
mis lágrimas
en el pozo del olvido.
Sigo andando.
Los campos callan.
La tarde inclina su luz,
y las ramas
aprenden la quietud.
Busco un sueño
que el tiempo dejó dormido
entre la hierba.
Bebo el néctar del amor;
la nostalgia, sin embargo,
conoce mi sed.
El sol se apaga.
Y comprendo, al fin,
que también las ruinas
conservan la memoria
de aquello
que nunca dejó de amar.
Malika El Bouzidi


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