Poetas de Ahora CÁDIZ 2026
lunes, 19 de octubre de 2026
LAURA FERNÁNDEZ DE GINZO
CARMEN NAVARRETE
Isleña de nacimiento, me considero una mujer sencilla, humilde y humana, y amiga de mis amigos. No me gustan las guerras ni la desigualdad, pienso que los seres humanos estamos aquí para amarnos y respetarnos los unos a los otros. Soy amante de la naturaleza y los derechos humanos.
La ilusión de mi vida es la de formar parte de este mundo disparatado de las letras, pero siempre, desde la conciencia y el respeto hacia los demás. Me gusta luchar por aquello que me hace feliz, y el amor por las letras es algo que llevo entre la sangre. Sobre todo, la poesía, es algo que me apasiona escribir ya sea para adultos o para los más pequeños. Después de tantas noches enteras sin dormir, parece que veo luz a lo largo del camino. Con cuatro libros publicados, varios premios en mi haber y distintas publicaciones en diferentes revistas como tertuliana y entre grupos literarios, hacen que todo este esfuerzo haya merecido la pena a lo largo del tiempo. No sé dónde me llevará la vida, a día de hoy sigo cargada de ilusiones y de nuevos proyectos. Y doy gracias a las personas que se han cruzado en mi camino y me han tendido la mano de forma desinteresada, a través de la amistad y el compañerismo, basado en el cariño y el desinterés y por lo cual me considero una mujer privilegiada.
La vida es una especie de efímero mercado.
Josela Maturana
saber nada de un mundo donde el hombre,
se va dejando al paso siempre el nombre
desnudo y sin conciencia todavía.
Allí había tristeza, hambre, muerte,
miseria y soledad sobre la tierra.
Es el mismo habitad, pero me aterra
pensar y hasta correr, la misma suerte.
entre tinieblas, sola y torpemente.
Me fui perdiendo por un ancho río,
cuando crucé de nuevo junto al muro
se quedaron mis ojos frente a frente,
bajo ese cielo más oscuro y frío.
ERGUIDA SOBRE EL SUELO
Erguida sobre el suelo está la rosa.
Entre los vientos. Libre, se pasea
toda llena de luz, sueña y pelea
y luce bajo el sol como una diosa.
Cada pétalo suyo languidece
al ver como marchita su figura.
Y presa del silencio se aventura
en el verde jardín y se estremece.
Allí su corazón se agita y llora.
Herido entre la niebla, rompe el hielo
como un pájaro azul que sube al cielo,
y cruza el infinito en el que aflora
con una voz, que clama temblorosa,
ese dolor amargo. El de la rosa.
JOSÉ LUIS RUBIO
Contar mi historia es fácil. Nací en Cádiz hace ya setenta y cinco años. Allí pasé mi infancia, oliendo a mar, estudié y me hice maestro para enseñar a otros mis saberes. Un poco antes entré en una cárcel de papel en la que aún estoy. En ella escribí miles de versos y algunos relatos que recogí en diferentes libros que adornan las estanterías de esta cárcel de palabras (Migajas Ardiente, Burbuja, Recuerdo, Sin nacer, Entre luces y sombras, El espejismo del beso, Los que danzan con el color, Flamenco, Hablando claro, El sonido de la naturaleza, Matemáticas imperfectas, Más allá de los sueños, Relatos inacabados y Creciendo entre versos con mi sobrina María José Berbeira). Desde hace más de treinta años vivo en Conil, también oliendo a mar. En mis alforjas aún guardo muchos libros que no sé si otros ojos leerán. Otras cosas llenaron mis aposentos además del verso: la extraordinaria música flamenca y la radio donde me sentí periodista. Profesión que hubiera querido ejercer. He recibido algunos premios pero mi mayor satisfacción es difundir la poesía por todo el mundo con la Revista Poética Azahar.
Esta es mi historia hecha en tiempo de versos y flamenco.
EL INVENTO
Me hablaron de un invento
que detectaba la mentira.
Aunque es un buen invento
no sé si compradores tendría.
Aunque muy útil sería
para descubrir al que miente
y engaña a la gente
prometiéndole una vida
que solo está en los papeles.
También al empresario ayudaría
a encontrar al buen obrero
que su trabajo haría
sin perder ni un minuto de tiempo.
Al mismo tiempo el trabajador
sabría si el patrono cumpliría
con total rigor
lo hablado en la entrevista.
Pero el invento no prosperó
porque al inventor nadie ayudó
económicamente y el proyecto
en un cajón quedó
esperando un mejor momento.
JOSÉ LUIS RUBIO
UN POEMA
Me ha llamado en facebook
mal español y que uso la poesía
para insultar y calumniar
y todo porque hice un poema
criticando la matanza de Gaza.
Me ha acusado incluso de ateo
alguien que solicitó mi amistad
e incluso me invitó a visitar Chile.
De repente todo se rompe
por una discrepancia en un tema
tan escabroso como Palestina.
En mi poema no hay mentiras.
Hay mucha, mucha, indignación
contra un ejército que mata indiscriminadamente.
Una vez más me sorprendo.
Hay quien cree que su verdad
es la única verdad
y no acepta ninguna otra.
O estás conmigo o estás contra mí.
No acepto el ojo por ojo
ni el diente por diente.
Prefiero el ama a tu prójimo
como a ti mismo.
Amar en vez de odiar
y sobre todo perdonar.
JOSÉ LUIS RUBIO
EUGENIO BARRIOLA ARMIDA
Nacido en Cádiz, en 1959.
Participante en cursos y talleres literarios de poesía, poesía japonesa, relato corto y microrrelatos.
Algunos premios de poesía y prosa de ámbito provincial.
Un libro publicado de poesía llamado “Litoral de Tinta”
Colectivos ArstPoética I y II Fundación Cajasol.
Colectivo X Congreso Poetas de Ahora.
Colectivos de talleres de prosa y poesía.
Colaborador de varias tertulias literarias, como Tertulia Puerta Abierta, El ventanal, Ateneo Gaditano y Club de letras de la Universidad de Cádiz.
Publicaciones periódicas en varias revistas literarias. (Speculum – Azotea.0 –Tántalo – Desde mi Azotea – Cuadernos Literarios del Ateneo – Nova Talassa).
¿QUE POR QUÉ ESCRIBO?
Escribo porque me da la gana.
Perdón.
No es una grosería,
es la propia realidad.
Me explicaré:
No fumo, no bebo,
hago los deberes del hogar,
pago todos los recibos,
incluso,
los de la comunidad
de la casa donde vivo.
Cruzo la calle
por los semáforos en verde,
y, aunque a escondidas,
rezo las pocas letanías
que aprendí de pequeño.
No soy mala persona,
al menos en el estricto
sentido de mala persona.
Para mí la vida es ya
una escalera sin pasamanos,
he mentido y me han mentido,
he querido y me han querido,
he gastado mi tiempo,
y mi tiempo ya está gastado.
¿Qué me queda ahora?
¿Dónde creéis que puedo ser
un yo… para mí solo?
Escribo porque me dan muchas ganas.
Eugenio Barriola Armida. Ikastun
ELLA LO SABRÁ
Mi sombra quisiera ser niña,
y vieja la vez:
alas en los brazos,
piernas con vida
y noches pausadas.
Vive a espalda de la claridad
y se mueve al son de la llama,
porque, mi sombra sabe que,
cuando se acaba la niñez,
la vida ya está consumada.
Ahora cuando mi sombra
se agiganta, la pared jugando
se eleva pintada de oscuridad,
y siente sus entrañas
vacías de luz.
Ella sabrá cuándo
el mundo ya está reconocido;
por eso, mi sombra, ese día
se tornará en un pájaro blanco
y abrazará la calavera del olvido.
Eugenio Barriola Armida Ikastun
domingo, 18 de octubre de 2026
JOSÉ MARÍA JAÉN ALBARRÁN
Activista y promotor cultural, presidente del Club Social de Emplead@s Municipales y Tesorero y Responsable del Área de Flamenco de la Asociación Amigos de Fernando Quiñones, así como socio y colaborador de varias asociaciones culturales de Cádiz.
Miembro de número de la Cátedra de Flamencología, así como de la Tertulia Puerta Abierta a la Imaginación. Colabora con la Revista Poética Azahar y ha participado en diversas antologías.
Cádiz cuna de dos cantes
En las calles de Cádiz resuena,
un lamento que el viento no se lleva,
dos cantes que nacen en la arena,
flamenco vivo que nunca se quiebra.
El compás se siente en cada esquina,
palmas que marcan la sangre divina,
un grito que nace de la nostalgia,
eco profundo de antigua magia.
Bajo máscaras brilla la alegría,
el alma vieja danza y no se olvida,
carnaval que pinta mil colores,
fraguando arte en los corazones.
Ríe Cádiz con su voz sincera,
entre guitarras y voces de madera,
el tiempo aquí se hace melodía,
memoria viva, pura poesía.
Dos voces hermanas que el mar mece,
cante jondo y chirigota que crece,
nació en Cádiz la raíz profunda,
del arte que vive y nunca se inunda.
Entre risas y penas compartidas,
se canta la vida en sus heridas,
flamenco y carnaval en unión,
puro latido, pura emoción.
José María Jaén Albarrán
Cádiz, esencia poética
Cádiz, donde el sol besa la arena,
reside un alma antigua, profunda y serena.
La cultura florece en cada rincón,
y en la poesía halla su eterna canción.
El mar murmura versos al pasar,
historias de antaño que invitan a soñar.
En cada verso, un eco de la historia,
de un pueblo que vive en su propia memoria.
En cada callejuela, en cada plaza antigua,
se esconde un verso, una musa que fatiga
al alma que busca la esencia fugitiva,
la lírica pura, la palabra esquiva.
La esencia del cante, el duende que aflora,
en cada rima, un sentir que se entrega,
un romance eterno que el tiempo atesora,
y en cada estrofa, la pasión navega.
Desde el viejo puerto hasta Santa María,
el alma gaditana se entrega al compás de la fantasía.
Un verso sincero, con melancolía,
o un soneto audaz, que el alma desvía.
Cádiz, faro de luz y de arte,
tu esencia perdura, nunca aparte.
En tus calles resuena la voz del poeta,
un amor que florece, una llama secreta.
José María Jaén Albarrán
MUSTAFA AL QARNAH
Poeta y novelista jordano, expresidente de la Unión de Escritores Jordanos y miembro de la Asociación de Escritores Jordanos, es una de las voces literarias destacadas del panorama cultural jordano y árabe.
Posee una rica trayectoria creativa en la poesía y la narrativa, caracterizada por la profundidad de la visión, la belleza de la expresión y el interés por el ser humano y sus interrogantes.
Sus obras han sido traducidas a varios idiomas del mundo y han recibido una amplia atención crítica y académica, siendo objeto de numerosos trabajos de investigación y tesis de maestría y doctorado.
Ha combinado la creación literaria con la labor cultural, contribuyendo al impulso del movimiento literario jordano y al fortalecimiento de la presencia del escritor y del creador en la vida cultural.
Continúa su trayectoria como un escritor comprometido con la palabra y como una voz creativa que enriquece el panorama literario árabe con una experiencia singular.
Quiero llorar un poco,
un poco, como lo hacen aquellos que regresaron de la muerte.
Quiero clamar auxilio en la puerta de esta noche.
Quiero tirar del viento por sus cabellos para que vuelva,
para dispersar estas cenizas
que habitan en todas las cosas.
Quiero respirar algo, aunque sea un poco;
abrir la ventana
para que pase la luz.
Quiero gritar para despertar a mi propio ser,
para escucharme cuando este atardecer quede en silencio…
y luego caminar,
seguir mi nombre,
huir hacia la puerta.
Quiero enfrentarme a esta mañana
y preguntarle:
¿de dónde has venido?He mantenido un tono poético cercano al original árabe, intentando conservar las imágenes de la noche, las cenizas, el viento y el renacer interior más que hacer una traducción literal.
En mi interior hay ciudades que no duermen.
Que la paz sea conmigo
si el pequeño tiene sed y se queda dormido,
si los grifos cierran
sus bocas cubiertas de óxido
sin pronunciar palabra.
Los cafés han abandonado sus sillas,
la noche se perdió dentro de la noche,
el mar olvidó su nombre,
y las ventanas se volvieron más pesadas bajo el peso de la ausencia.
Y los niños
dibujan un mañana
sobre las paredes de las tiendas de campaña.
En mi interior hay ciudades que no duermen;
sus ventanas aún permanecen abiertas hacia el horizonte.
El tren pasó a lo lejos,
olvidó los escombros
y siguió su camino.
Camino como un extranjero,
escribo para que el camino no se derrumbe,
y llevo en mi bolsillo
las llaves de casas
que perdieron sus puertas.
Las tazas sobre la mesa
guardan el calor de las manos,
y el vapor asciende
poco a poco,
como si mirara alrededor,
buscando a aquellos
que desaparecen al caer la tarde.
Las calles caminan solas,
y las casas cierran sus cortinas,
temerosas de contemplar
los rostros de quienes regresan.
En mi interior hay ciudades que no duermen:
un mar sin orilla,
y barcos que,
cada vez que se acercan,
las olas vuelven a alejar.
Oh mar de Gaza,
oh herida
que las olas abren cada mañana
y dejan sobre la arena
las voces de quienes
partieron.
Y sigo adelante…
buscando una pequeña ventana,
quizás la luz
recuerde el camino.
Porque dentro de mí
hay ciudades
que no duermen.
He buscado una versión literaria en español que conserve la fuerza simbólica del poema: la ciudad interior, la memoria, la pérdida y la resistencia, evitando una traducción mecánica palabra por palabra.
LUIS BARRIGA
Nací en La Isla, entre salinas y esteros, paisaje que forma parte de mi manera de sentir y crear. Soy miembro de la Asociación CREA y he colaborado con revistas culturales como Desde mi Azotea, Creación Literaria, Kultura y Azotea… También he participado en Grito de Mujer y en los Encuentros Poético-Fotográficos y Pictóricos por la Paz-Cádiz. He sido responsable del diseño, fotografía y maquetación de los dos últimos Cuadernos Literarios del Ateneo de Cádiz, y otros.
Mi actividad artística va más allá de la poesía, la fotografía, la pintura y el relato que también forman parte de mi camino, y por las que he recibido algunos reconocimientos.
Cuando me acerco a la poesía, busco una escritura íntima y sensible, muy ligada a la experiencia humana. Mis versos recorren las emociones, la memoria, las ausencias y esos pequeños instantes que, sin hacer ruido, dejan huella.
La pérdida de lo soñado
Es la antinomia
la
sentida pérdida de lo que nunca vivimos
la más traicionera de
todas
la más deseada,
la más repudiada,
la que respira pausadamente
bajo
nuestra piel
y se disfraza en carnaval
de recuerdos
fingidos.
Confabula, incómoda y acomodada
con ser
sólo nubes adivinadas
de un cielo agitado por dementes
pinceles
que transgreden atardeceres
emborronados de efímeros paisajes.
Conjura recuerdos
únicos, irrepetibles,
que serían eternamente amados
si no fueran sólo sustentados
por el rocío de la madrugada.
Camina en permanente destierro
con huérfana compañía
por áridas estepas
de un linaje condenado al exilio.
Vive agazapada también en las esquinas de calles
donde los recuerdos nunca fueron,
buscando un zaguán
para alojo de la memoria esquiva
y poder descansar
cerrando la puerta al olvido.
Sentir
Siento crecer la hierba
alimentada por gotas de rocío
entre gargantas de adobe
que me susurran aceitunados vientos.
Siento el vértigo de tu perfume
que me corteja
y que sublima su origen
cuando respira tu piel.
Siento el vértigo de tu cercanía
que convierte mis pensamientos
en desatadas locuras, inalcanzables.
Siento la frágil línea
que traza horizontes
de aquietados ocasos.
Siento
la pérdida de la arena
que se desvanece entre mis dedos
para volver a ser playa.
Siento mejillas sonrojadas,
labios sin fronteras,
cabellos que se enredan
hasta confundir el compás.
Siento días que sueñan
con ser techo de estrellas,
inviernos con ser primaveras
y letras que prometen
amar entre versos.
Siento la tierra que adormece
y que entre susurros reclama la vida
que al final, es sólo prestada…
*
Luis Barriga Villar
sábado, 17 de octubre de 2026
MANUEL ÁLVAREZ
Un soñador que discierne, nacido en Cádiz en 1978, descubrió que su pasión por la escritura no era un imposible, sino una capacidad latente. Al igual que la abeja que vuela sin saber que no debería, desplegó sus alas y, con constancia, comenzó a narrar historias. Autor de títulos como "Mil perdones a la constancia", y "Pelusos voladores"
Además de su faceta literaria, es un gestor cultural al frente de la Asociación Cultural, Artística y Literaria forolibre.es, con una historia de más de 33 años, y dirige la empresa La biblioteca ambulante, dedicando su vida a la promoción de la cultura.
La libertad
Para mi la libertad era como una asintota. Habité durante muchos años en lo más profundo de la oscuridad, aprendí a caminar por esa clase de caminos hasta lograr encontrar la belleza en la devastación. Yo, soy de esos que sobrevivió a la isla de Heremia, a sus acantilados, a la visita de los lobos en plena madrugada.
Mis años de aislamiento y soledad, me llenaron de enseñanza y de madurez. Con el paso del tiempo mi cuerpo se fue transformando en algo para lo que no estaba preparado. Lentamente, dolorosas protuberancias brotaron de mi espalda, hasta que llegado el momento comprendí que se trataban de alas, al principio huesudas, implumes. Hoy, grises, así me cubren los flancos.
Batiendo las alas, así fue como logré dejar atrás los acantilados e ir mucho más allá.
En aquel vuelo lleno de causalidad no tardé en toparme con la libertad. Ella me sobrepasó en pleno vuelo, alocada, con los brazos extendidos, danzando con el titilar del viento. La libertad iba cantando una canción que no reconocí. Giró su hermoso rostro y me sonrió, detuvo su marcha al ritmo de mi batir y se puso a volar a mi lado.
Tan solo bastó cruzar con ella unas pocas palabras para que llegase a mi corazón. La bella voz que desprendían sus palabras, era como la tenue luz de un sol ausente.
Yo le conté sobre mis vivencias en aquella estancia… ella, escuchaba atenta las cosas que le decía, en ocasiones asombrada, otras apenada. Ella también me habló de sus encierros en un pasado y comprendí que la libertad nació libre, pero se hizo libertad porque hubo un tiempo en el que estuvo atrapada.
Supongo, que en nosotros, ambos encontramos comprensión y compañía, y el tiempo, cómplice, nos sostuvo en una eterna coyuntura. Lo que debía de ser un vuelo de tan solo unos minutos para llegar al sendero de los nostálgicos, se volvieron días.
Le confesé que en mis años de clausura, yo pensaba en ella, que la extrañaba, que la deseaba, que preguntaba dónde estaría, que su mero pensamiento de esperanza por encontrarla me daba el aliento para poder encontrarme con ella. Y ahora que la tengo delante, mirando sus tiernos ojos azules, discierno sobre el dolor, sobre la causalidad, sobre si necesitaba encontrar la madurez suficiente para volar al lado de ella, desde su libertad.
Prosa poética
Entonces él dijo.
“Dejamos a una persona con la que compartimos una vida, idealizando la llegada de un amor más verdadero”.
Idealice la venida de la refulgencia. Caminando durante años por la curvatura geodésica de mi corazón, esperándote. Con una mirada que no deja de permanecer abierta, aún serena, pero carcomida por el desconsuelo, hastiada de necedad bajo una inmensidad llena de silencio y de vacío sin ninguna señal de poder encontrarte.
A veces confluyo con las esencias de quien me gustaría que fueses, y tal vez, es por eso que no dejo de sentirme solo.
Entonces, un día comprendí que lejos de poder converger contigo, mis pasos no dejan de trazar el contorno de un abrazo que no termina, y al cual, en soledad, maldigo.
BELÉN PERALTA
Escritora y correctora de textos nacida en Cádiz (1966). Me apasionan la literatura, el cine (sobre todo el de siempre en b/n) y las artes en sus vertientes más clásicas (pintura, escultura, arquitectura). Y escribir. Me encanta escribir narrativa, aunque también poesía. Me queda la dramaturgia. Todo se andará… o no, quién sabe.
Tengo publicados seis libros (novela, ensayo y poesía) con editoriales tradicionales y he participado y sigo haciéndolo en diversas antologías y revistas digitales y físicas. Cuento con más de treinta años de experiencia en corrección, pero la de verdad, no la que está basada solo en la IA, como sé que última y lamentablemente hacen algunos correctores. Gasto mis pestañas y estos ojitos y me gusta defender la importancia de esta labor casi artesanal frente a la que pueda proporcionar la inteligencia artificial.
En la actualidad trabajo (a trompicones) en mi tercera novela, mientras imparto talleres de escritura creativa. He escrito textos por encargo, prólogos, participo en eventos culturales y administro grupos de cultura en WhatsApp. Me entusiasman las nuevas tecnologías y me encanta trastear en los ordenadores. Esta soy yo.
CALIGRAFÍA
Es tu ausencia siempre dolorosa
y en las sábanas blancas y tersas
dibujo con los dedos las formas de tu nombre,
la silueta de tu cuerpo extendido y desnudo,
el grito ahogado que cada noche te reclama,
el recuerdo inventado de los besos que nunca serán…
Y, mojado el papel que son estas sábanas
con mis lágrimas como lluvia fina y tenue,
con letra primorosa como de niña de párvulos
nace una caligrafía invisible de todo lo anhelado.
Belén Peralta, 2026
COLOR A AÑORANZA
La llave que quedó desechada por inútil
la llevo, como siempre, en el bolsillo de mi abrigo.
Me abordaron los nombres de otras calles,
otras esquinas, otros olores en la mañana,
fallidos piratas de mi esencia y de mi ser,
y me negué a aprenderlos (y a aprehenderlos).
En los mercados que no visito sé que hay
un color por mí anticipado de añoranza,
un pan y unos dulces con otra forma,
y hasta escucho, entre mi lamento,
la voz materna que grita mi nombre
como, alegre, lo hacía ayer en nuestra casa.
«El cielo es el mismo cielo», me engañaron.
Pero no.
El cielo, sí, del mismo color,
pero a la vez tan diferente, tan distinto…
y yo, día tras día, añoro el mío, tan de Cádiz,
porque ya no está, porque ya no lo vivo.
Y aquellos lamentos dudan
de poder verlo algún día.
Quisiera caminar hacia lo nuevo pero ya vivido,
mas algo en mí sigue minando
mis deseos, mi esperanza:
soy geranio que languidece en el tiesto
y sueña con una tierra sin límites y añorada.
Belén Peralta, 2026





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