César
Alfonso Viñas (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1975) es una de
las voces más singulares de la poesía andaluza actual: la crítica
lo ha señalado como uno de los poetas españoles que más lejos ha
llevado el vocabulario científico como materia lírica, y ha
calificado su obra de «atípica, original y transgresora».
Doctor
en Historia Universal por la Uniclau Laude International Christian
University de Miami (Florida, EE. UU.), licenciado en Antropología
Social y Cultural por la UNED y maestro de Educación Primaria en el
CEPER Almadraba de su ciudad natal, cursa actualmente el segundo
curso del Grado en Historia del Arte en la Universidad Internacional
de La Rioja (UNIR). Esa doble condición de docente e investigador
atraviesa toda su escritura, donde la astronomía, el mito, la
memoria histórica y la emoción hablan con la misma voz.
Su
poemario Mar
de mujer
obtuvo el I Premio de Poesía Día de la Mujer (San Roque), y al
terminar Magisterio recibió el reconocimiento de la Fundación
Octavio Comes. En su obra poética destacan Atánatos,
el dios animal
(ciencia y poesía), Poéticas
(metapoesía), Cabalga
el viento salvaje,
los homenajes al rock y a Queen (The
Miracle Express,
Back
to the Light
y Una
noche en la Ópera Rock),
La
música del mar
(dedicado al universo de J. R. R. Tolkien), En
el valle de los monumentos
(un viaje por el mundo de Julio Verne), Iban
por la senda del destino
(poemas sobre las lenguas y su código), Entre
mitos y mar
y la poesía social de El
suave eco de la poesía,
Afrontando
el aguacero,
Baladas
de un país en desmemoria
y Puente
hacia la libertad.
Su antología Poemas
reunidos 2003–2023
recoge dos décadas de trayectoria poética.
Como
narrador es autor de la novela de intriga y justicia social Senderos
cruzados
y del libro de relatos La
cena de los Alfonso y las bodegas de Porcuna;
como ensayista, de Andalucía,
una nacionalidad histórica,
fruto de un extenso trabajo de campo por yacimientos arqueológicos
de las ocho provincias andaluzas. Los lectores más jóvenes
disfrutan de sus libros infantiles Las
aventuras espaciales de Eva y Zog
y Poema
de Antoñito y Beto.
Junto al poeta Juan Emilio Ríos Vera firmó Oda
a un robot milagroso,
homenaje a Mazinger Z.
Su
obra figura en antologías como Autores
docentes de la provincia de Cádiz en torno a la Generación del 27,
Escritos
con tiza
o La
consumación de la utopía,
y en las antologías digitales del poeta Fernando Sabido Sánchez.
Colabora habitualmente en revistas literarias del Campo de Gibraltar
y de fuera de la comarca (Guadalmesí, Amistad, Dos Orillas, Tierra
Extremeña, La Republicana, Ateneo de Algeciras, entre otras).
Joven
con cesto de frutas
Mira, el muchacho ofrece el mundo,
sus manos tiernas, su gesto mudo.
En su cesto, la dulce herida,
frutas doradas, pero vencidas.
Brilla su piel con luz temprana,
su boca abierta, casi un suspiro,
pero en sus ojos flota el giro
de una belleza que se desgrana.
Las uvas tiemblan, la hoja muere,
el higo oscurece en su latir.
Tan fresco el rostro, tan breve el fruto,
todo en su forma empieza a ir.
Caravaggio sabe, la luz sentencia:
lo que seduce, pronto fenece.
Y entre las sombras, la mano joven
sostiene el tiempo… que ya perece.
Caravaggio,
errante en la sombra
Roma ardía en vino y duelo,
pincel de furia, genio errante,
sombra y sangre en cada tela,
luz cortante, hierro amante.
Milán le dio su primer grito,
corte de santos y crueles manos,
donde aprendió que el arte es rito
y que la luz muere temprano.
En Nápoles huyó del juicio,
del puñal torpe, de su condena,
pero sus cuadros eran vestigio
de su pecado y su cadena.
Y Malta, isla de cruz y espada,
lo acogió con oro y gloria,
pero el acero, en la jornada,
firmó su exilio y su memoria.
Errante, herido, maldecido,
buscó perdón, buscó regreso,
pero el destino, con cruel latido,
lo halló en la playa, frío y preso.
Así murió, luz apagada,
pero su sombra aún nos quema,
porque su mano, porfiada,
pintó la muerte… y la vida eterna.