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viernes, 2 de octubre de 2026

JOSÉ PÉREZ GONZÁLEZ


José Pérez González - Jotapege


Nacido en Madrid. Poeta-Escritor.

Promotor de las Antologías Poetas del Mundo por La Paz - Nuestras armas las Palabras y Poetas del Mundo por la Paz II – Almas sin bandera.

Presidente de la Asociación Cultural Poetas del Mundo por La Paz, con el proyecto solidario de donar los beneficios a Médicos sin Fronteras.

Miembro de la Asociación Española de Amigos de la Poesía (ASEAPO).

Miembro de la Asociación Cultural Granada Costa – Proyecto Global de Cultura.

Participa asiduamente en los recitales de: Centro Asturiano en Madrid, CIEMPOESÍA, Casa de León en Madrid, Biblioteca Pública Rafael Alberti y Universal Ateneo. Colaborador en varias asociaciones y centros poéticos.

Participaciones en diversas Antologías: Maldita Musa, Semper Verbum…

Finalista del XI Concurso de microrrelatos “La primavera la sangre altera” y
II Concurso de Microcartas de San Valentín
Letras con Corazón en Diversidad Literaria.





POEMA.-



LAS AGUJAS QUE BORDARON UNA VIDA


Guardo en la memoria aquella imagen,

mi padre sentado devoraba la lectura del periódico AS,

mi madre junto a él enhebraba sus agujas de punto.

O jugando aquellas partidas de cartas algún fin de semana.


La voz del tiempo cantaba su tic tac,

volaban los días en la infancia con sabor a hogar.

Un padre trabajador y honesto,

una mujer entregada a su familia.


Llegaron épocas de duelo y de distancia,

ella partió sin maletas, dejando viva su esencia,

la casa estaba impregnada por la melancolía del pasado.

Quedaron las agujas guardadas, remendando el vacío.


Pocas veces se le escuchaba quejarse,

abrazaba en soledad su congoja,

su rostro expresaba el dolor que le oprimía.

Guardaba cada momento compartido con ella.


En un cajón estaban las bobinas de hilo

que él la ayudaba a devanar con cariño,

y descansando sobre ellas, la manta azul y gris

que dejó a medio hacer, para abrigarle en invierno.

Le abrazaba el miedo de poder olvidarla.

La buscaba en los rincones del ayer,

entre sus manos sujetaba periódicos viejos,

giraba la cabeza con un gesto de amargura.


Tardes de añoranza, noches de duelo,

cuántas lágrimas derramadas en soledad.

Fue perdiendo la memoria, pero no los recuerdos

que le llenaron la existencia de nostalgia.


Sus ojos azules brillaban de tristeza,

la mirada ausente buscaba una contestación

y su corazón latía en el olvido.

Tú, madre seguías viva en su interior.


Llegó la hora de su muerte, la soledad le tendió la mano

en aquellos momentos de horror y angustia

que azotó sin piedad al mundo.

Como su mujer, se fue sin equipaje,

llevándose sus sentimientos.

Quedaron guardadas en el cajón las agujas,

que bordaron parte de su vida.


 

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