Breve biografía literaria
Mi nombre es Manuel Bellido Milla, nací en el año 1957 en Porcuna, Jaén. Mi desempeño profesional lo he desarrollado durante cuarenta y cinco años en las industrias naval y aeronáutica. Soy Ingeniero Técnico Industrial por la Universidad de Cádiz y desde 2015 miembro de su Club de Letras de la UCA con el que colaboro en la revista Speculum, publicación trimestral de creación y crítica literaria. Hasta febrero de 2025 he sido miembro del Laboratorio de Escritura Creativa dirigido por María Alcantarilla y actualmente comparto mis inquietudes literarias en el Club del Jengibre, dirigido por Yolanda Izard. Soy ateneísta del Ateneo Literario Artístico y Científico de Cádiz en el que participo tanto en su Tertulia Literaria como en su Cuaderno Literario; así mismo, miembro de la Tertulia Literaria El Ventanal de Cádiz.
He publicado tres novelas de género histórico en solitario: Cita en Trafalgar (Caligrama, 2016), Raíces en el Mar (Puno Rojo, 2019), Hijos de Pandora (Europa Ediciones, 2023), la colección de cuentos conjunta Fuga de Lenguas (Bulevar de los Libros, 2024), el libro de ensayos El mañana está en nuestras manos (Jardín de Judhit Ediciones, 2024) y la novela Vientos de amura con la que he quedado finalista en Premio de novela del Ateneo ciudad de Valladolid 2025.
La morada de los necios
He conocido ruidos que ensombrecen la luz,
focos que brillan contra el rumor de las olas,
volcanes que erupcionan pedruscos inmóviles,
estatuas versadas en todos los movimientos.
Me presentaron a la ecuación de la razón poética
y recibí lecciones de un aroma contra el viento,
fue en el número pi, de la avenida de los Señuelos Áureos.
Un juez me exigió la fracción decimal de los números enteros:
solo pude ofrecerle mi yo imaginario y mi parte real.
Soy enteramente complejo.
Me condenó a la cárcel de la libertad,
donde viven los fragmentos de los poemas muertos.
Allí estudié la debilidad de los fuertes
y lo mudable de la memoria;
que la grandeza cabe en cualquier espacio,
y que la verdad
reside en el abrazo de una madre
y en su recuerdo.
Surco y redil
Hay calles que miden el silencio en pesos de ausencia,
nubes al paso y tejados sin gorriones,
ojos de quicio y ventana, cortina y cristal.
Hay relojes que acechan y matan a las horas,
y hay reos de taberna con penas de aguardiente.
Hay frescura de juventud que sueña con maletas,
historias por venir con porvenir de horizontes,
deseos que nacieron como polvo de nada,
surcos en vidas redil de empuje muerto.
Sigilos viejos de piel, de rumor y cautelas.
Y sin embargo, una flor retorna cada año
insistiendo sobre la campa cercenada,
junto a la antigua senda inacabada;
leal a su mirada y a su propio nombre.
Por el retorno de esa flor vive la esperanza.
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