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domingo, 11 de octubre de 2026

ROSARIO SÁNCHEZ CUBELO


Mi nombre es Rosario Sánchez Cubelo. Vine al mundo en la ciudad de Cádiz cuando el verano existía de julio pleno, horas más tarde de que el sol del mediodía hubiese borrado las sombras en la playa.

Mi niñez se edificó entre cuentos de transmisión oral. Los más hermosos, los que mi madre me narraba, quién sabe si escuchados de boca de sus mayores, o los que inventaba para mí. Creo que en esos cuentos que disparaban mi imaginación, germinó la escritora que hoy ofrece su humilde obra sin más pretensión que tocar corazón y alma de quien me lea.

En la actualidad pertenezco a las tertulias literarias Puerta abierta a la imaginación, El Ventanal y Ateneo gaditano; de cuyos dirigentes siempre estaré agradecida por su labor y entrega. Colaboro con las revistas Desde mi azotea y Cuaderno literario del Ateneo de Cádiz.

Del resto de mi biografía literaria, si alguna vez me hago famosa, ya me buscáis… ya… Os sonrío y abrazo.


SE QUEBRÓ TU AMOR ETERNO



«En esta habitación las horas del amor aún hacen sombras».

(Charles Bukowski. Para Jane —fragmento—)



El silencio en que yo vivo

me está lloviendo por dentro.

Callo por no faltar más

a la que duerme en tu lecho,

esa mujer inocente

que nunca supo lo nuestro.

Y me recorro la noche

envuelta por mi desvelo

que no me da ni una tregua

tenerte en mis pensamientos.

Yo te quiero sin licencia

y sin que tenga remedio.

Te quiero con un puñal

atravesándome el pecho.



Entre mi casa y la tuya

solo nos separa un trecho.

Desde mi azotea veo

a la dueña de mi dueño

tender sus camisas blancas

entre aromas de romero.

Y me convenzo a mí misma,

yo mil veces me convenzo,

de que no puedo tenerte

y me diluvia por dentro.

Tú te debes a tus niños,

qué bonito el más pequeño;

a mí me mata la pena

de haber perdido aquel nuestro,

el que se llevó consigo

tu palabra y juramento

de abandonar nuestro pueblo

y marcharnos muy, muy lejos.

Te pudo la cobardía.

Se quebró tu amor eterno.

Te quedaste con los tuyos,

a mí, un mirarme, y de lejos,

dejándome sin poder

tejer por pares, mis versos.

Ya casi lo acepto todo

mientras me anego por dentro.

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