Isleña de nacimiento, me considero una mujer sencilla, humilde y humana, y amiga de mis amigos. No me gustan las guerras ni la desigualdad, pienso que los seres humanos estamos aquí para amarnos y respetarnos los unos a los otros. Soy amante de la naturaleza y los derechos humanos.
La ilusión de mi vida es la de formar parte de este mundo disparatado de las letras, pero siempre, desde la conciencia y el respeto hacia los demás. Me gusta luchar por aquello que me hace feliz, y el amor por las letras es algo que llevo entre la sangre. Sobre todo, la poesía, es algo que me apasiona escribir ya sea para adultos o para los más pequeños. Después de tantas noches enteras sin dormir, parece que veo luz a lo largo del camino. Con cuatro libros publicados, varios premios en mi haber y distintas publicaciones en diferentes revistas como tertuliana y entre grupos literarios, hacen que todo este esfuerzo haya merecido la pena a lo largo del tiempo. No sé dónde me llevará la vida, a día de hoy sigo cargada de ilusiones y de nuevos proyectos. Y doy gracias a las personas que se han cruzado en mi camino y me han tendido la mano de forma desinteresada, a través de la amistad y el compañerismo, basado en el cariño y el desinterés y por lo cual me considero una mujer privilegiada.
La vida es una especie de efímero mercado.
Josela Maturana
saber nada de un mundo donde el hombre,
se va dejando al paso siempre el nombre
desnudo y sin conciencia todavía.
Allí había tristeza, hambre, muerte,
miseria y soledad sobre la tierra.
Es el mismo habitad, pero me aterra
pensar y hasta correr, la misma suerte.
entre tinieblas, sola y torpemente.
Me fui perdiendo por un ancho río,
cuando crucé de nuevo junto al muro
se quedaron mis ojos frente a frente,
bajo ese cielo más oscuro y frío.
ERGUIDA SOBRE EL SUELO
Erguida sobre el suelo está la rosa.
Entre los vientos. Libre, se pasea
toda llena de luz, sueña y pelea
y luce bajo el sol como una diosa.
Cada pétalo suyo languidece
al ver como marchita su figura.
Y presa del silencio se aventura
en el verde jardín y se estremece.
Allí su corazón se agita y llora.
Herido entre la niebla, rompe el hielo
como un pájaro azul que sube al cielo,
y cruza el infinito en el que aflora
con una voz, que clama temblorosa,
ese dolor amargo. El de la rosa.

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