domingo, 9 de octubre de 2016

JUAN JUSTO LÓPEZ




Nací en un Pueblo de La Mancha, Nunca pude olvidarme de su nombre y así y en una mañana de invierno, mi madre creyendo que era una ermita, me convirtió en catedral. Crecí entre aquellas calles de barro, en un barrio sin luces, sin adornos. Era un barrio donde solo estaba yo y ese coro, que en mis noches más tristes, le cantaba a la estrellas. A lomos de un caballo, de cartón lo confieso, cabalgué tras los luceros. Tímido y solitario, como un extraño en mi mundo, nunca fui capaz de entender a los hombres. Éramos tan distintos…

Con aquel miedo partí hasta un psiquiatra cercano. No fue otro que la luna. Y así sesión tras sesión, pasaron los días, y la lluvia y el viento y el amor y el dolor... Curtido en aquellos hechos, con esmero fui creciendo en el saber de esta vida y en su duro entendimiento. ¡Oh días de mi vida!,  ¡Oh tiempo de mi tiempo¡, pasado que fuiste, todo aquel que dio mi vida. Ahora, pasados estos sucesos, sigo a lomos de un caballo, voy cabalgando hasta el cielo. Camino detrás de un ángel vestido de luna pura, voy en busca de un destino y de toda su poesía.

Poética: me defino como un hombre comprometido con mi tiempo, con el hombre y el mundo: Una mirada al firmamento en busca de todo lo que encierra. La poesía que se vive en todos y cada uno de los sonidos del mundo.


Prisionero de un poema.

Se escriben tras tus versos,
supongo sin saberlo, y en el dorso
de la voz de la rima enamorada,
la leyenda del héroe de La Mancha,
la leyenda de aquel que convertido en versos
se vistió de los colores de las nubes
y flotando, como por arte de tu magia ,
partió a vivir y  de la mano de un beso  
a las frases que viven de la memoria
y su te quiero, a un amor que duerme
en la llanura, mientras al sur contempla
el poema que en la memoria de un libro
repite una y otra vez el recuerdo
del brillo de tus ojos...

Todo cuanto te digo, lo contaste…
Regalos que nunca fueron alivio
cuando el hombre es solo palabras
y se encuentra solamente en tu cabeza
y en el desconsuelo que me regalan
las lecturas del día declamadas …
No era mucho para esta República desordenada
para este desgobierno de los versos.
Mas esto y para el día en el que vuelvas
y más allá de tu país lejano, a esta
tangible consistencia de afectos
un día han de escribir un hombre cierto.
Ese que en su amor llena tus pensamientos
y la cabeza en la que vivo sin vivir en ti
y en la que en cada aniversario me
convierte en la voz refinada de las
letras de tus versos y de lo que llaman
el poema donde te deseo …

¿Tendrían las olas que volver al mar
dejándote en la orilla ?
¿ ¡Tendrá la vida  un sur, una forma,
tu rostro de luz luna ¡…?
No lo se, pero todo este deseo, tiene tu nombre
y ese empeño mío, torpe lo confieso, de ser de carne y hueso
y el verso que con los ojos cerrados se
escribe dentro de ti y vive 
por la sangre que corre por tus versos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario