ENLACE A X

ENLACE A X
SÍGUENOS

ENLACE A INSTAGRAM

ENLACE A INSTAGRAM
SÍGUENOS

ENLACE A FACEBOOK

ENLACE A FACEBOOK
SÍGUENOS

martes, 20 de octubre de 2026

CÁNDIDO GUTIÉRREZ

                                                    


Nació en Grazalema, donde no solo aprendió los primeros pasos, las primeras palabras y afectos, sino también a contemplar la belleza con asombro.

Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación y doctor en Pedagogía. Su carrera profesional la ha desarrollado en la Consejería de Educación andaluza y en la UCA como profesor en el Área de Teoría e Historia de la Educación. Tiene publicados varios libros y capítulos de obras profesionales sobre temas educativos. Recibió el premio nacional “Rosa Sensat” de pedagogía (Barcelona, 1994).

En el ámbito literario participó en las Tardes Poéticas de Grazalema en las décadas de los 80 y 90 del siglo XX.

Es miembro del Ateneo de Puerto Real (Cádiz) y del Club de las Letras del Vicerrectorado de Extensión universitaria de la UCA. Es socio de honor de la Unión Nacional de Escritores de España (UNEE), en cuya revista “Mosaico literario” ya publicó en los años 90. Ha recibido el Premio Internacional “Artemisa” de poesía primer poemario 2023 y el primer premio del VII Concurso Internacional “María Fonellosa” sobre discapacidad, 2023. Es autor de los poemarios “Vivir en las palabras” (2023), “Ángel contigo y otros versos” (2024) y “Los ojos incendiados de Vernon Harris” (2026). Tiene varios poemarios inéditos. El texto de “Vivir en las palabras” ha sido traducido al portugués.





Improvisada Venecia

Fastidio de los rojos de Tiziano,
te dolía el poniente.

Nadia Consolani. “Villa Malcontenta”


Por poniente llegan los temporales que como un imán son atraídos por el macizo de Grazalema donde feroces como rojos de Tiziano, aquel febrero de 2026, descargaron como lanzas convirtiendo al pueblo en una Venecia improvisada. Y se miró en su espejo.

Tiziano y Nadia, ambos, se vistieron vénetos o venecianos.


La lluvia ya no era la lluvia aquello fue un volcán

que trajo el mar

a los pies del pueblo removiendo las entrañas de la tierra.

Las miradas se llenaron de preguntas

ante aquel forzado exilio que llegó eternizando los días

y multiplicando la oscuridad de las noches.

Aquello fue una nueva Babel,

los idiomas fueron las emociones

y las palabras más compartidas

las pronunciaban la gente enmudecida.

Todos miraban a un suelo que no se distinguía del cielo.

Aquella inundación fue aún mayor de recuerdos.

Aquel día del rugir de la tierra como música del averno

llovía como un llanto enfurecido del Apocalipsis

mientras esperábamos que el canto del gallo

y el trino de los pájaros anunciaran el milagro.

A pesar de todo, también la tormenta

es un decir embelesado de enigmas que viene a regalarnos.

Porque la lluvia ha sido maestra.

Ha sido nuestro fuego en nuestra tierra.

Con ella aprendimos y en ella supimos

de la fertilidad y las primaveras.

Aun así, Grazalema es capital del país de la lluvia

donde, con su grandeza y su húmeda dicha,

nos regala toda la vida.




Los paisajes según los ojos


Los paisajes son según los ojos.


Allá una altura de montaña que busca en sucesión

un horizonte

y es el mar ondulado borrándose a sí mismo.


Acá una suavidad, como terciopelo de angostos

celestes, quizás turquesas, 

que parecen valles

y en las elevadas cumbres buscan el sol,

como en lucha y derrota, igual que hacen las aguas

en los acantilados.


Ahí, al contraluz, una nube yace trémula 

arrastrando su baba de molusco, o su vencida joroba,

y se consume así misma como, en nosotros,

hacen los días que van pasando

y las herencias que traemos.


Los paisajes son según los ojos 

y los días 

                    y los sueños

y la ilusión de querer buscarlos,

de estar en ellos

en su fundido de aleación y encuentro.


De vernos en ellos

o de no vernos;


a pesar de llevar esa parte tan nuestra

de nosotros mismos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario