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miércoles, 21 de octubre de 2026

TERESA FLORO

 


Teresa Floro (Estepona, 1974). Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla y especializada en Marketing. Actualmente se dedica a la Comunicación y Marketing Digital y está inmersa en proyectos de ámbito nacional relacionados con la literatura y las artes en general.

Autora del libro de poemas ‘Secretos empolvados’, bajo el sello de Sakana.

Ha publicado relatos cortos en prensa escrita (Diario de Málaga) y realizado exposiciones de poesía visual (Los Barrios -Cádiz- y Facultad de Ciencias de la Información en Sevilla), así como recitales poéticos en las provincias de Sevilla, Cádiz y Málaga.

Ha participado en ‘La Firma’ en la Cadena Ser de Marbella, consistente en la creación de historias ficcionadas y locutadas para esta emisora de radio.

  • Ganadora del concurso Premio Joven de Estepona.

  • Premio en el certamen nacional Félix Rodríguez de la Fuente, en la modalidad de poesía.

  • Premio Ateneo de Manilva 2022 por la difusión de la cultura.

  • Premio de la Fundación García Fajer en la categoría de Proyectos Culturales del Grupo Poético de Estepona. Forma parte activa de la organización del Grupo Poético de Estepona.

  • Reconocimiento de crítica teatral en la organización de la XII Edición del Festival Iberoamericano de Teatro, celebrada en Cádiz.

Ha participado en las antologías poéticas “Raíz del Verso - I Antología de poetas manilveños”, y en las antologías “Poetas de Ahora”, en las ediciones IX, X, XI y XII, respectivamente, en los años 2022, 2023, 2024 y 2025.

Miembro también de la Unión Nacional de Escritores de España, AC ARTEatro 13, Colectivo de Escritores Malageños y del Ateneo de Manilva.


Cosas de vivos y de muertos, cosas que están bien y que están mal



No había previsto la incitación que se incendiaba

a lo largo de mis piernas

cada atardecer de julio.

Esa pulsión que me conducía automáticamente

al cementerio cercano a mi casa

a invadir el silencio de las tumbas y los sepulcros

con la intención de descubrir mensajes velados

de amores inviables

en los epitafios

y conocer cuánta ansiedad se les quedaría a algunos de los vivos

antes de dormir,

porque, aunque estuvieran saciados de carne fresca,

seguirán anhelantes y adelante ante la próxima novedad de un cuerpo

aún caliente

que se les presente

en el terreno.


No había imaginado cuánta necesidad hay

de sentir en vida

con lo que más miedo suele dar de ella.

Es de kamikazes tener el corazón en la mano

a disposición de otros

porque supone una gran amenaza

para el ecosistema humano

o para uno mismo.

Es lo que demuestran algunas experiencias relacionales

o las expectativas de cada cual,

que suelen derrumbarse in extremis,

dejando una sensación de rigor mortis

de rectificación improbable.


No había decidido centrarme hasta entonces

en esos imposibles resquebrajados,

sin oportunidades de retractarse de haber dado

ese amor genuino en vida

y que otros quisieron minusvalorar

por temor, cautela o supervivencia.

Ahora florecen inertes en el camposanto

como las jaras de la sierra, repletas de satisfacción interminable.


No había decidido hasta entonces

hacer añicos la vajilla costosa de mi abuela

por no desempolvar aquellos secretos de ajuar,

ni destapar la caja de las herencias de índole sentimental de la familia,

con sus heridas emocionales y creencias obsoletas

que se pretendían tallar en las frentes

de los próximos que vinieran a engrosar el árbol genealógico.


Todo lo habían ya escrito, todo lo habían ya hablado

en el cementerio cercano a mi casa.


Lo hicieron esos cadáveres, a los que estando muertos,

se les fue la lengua

revelando los secretos empolvados

que se mantuvieron ocultos

por el qué dirán,

y que ahora,

impertérritos, ocupan otra función diferente,

sustituyendo a las personas que en verano

se sentaban en las puertas de sus casas

a pie de calle, al fresco,

despellejando con su labia todo lo que se movía

hasta no dejar títere con cabeza.


Autor: Teresa Floro

del libro Secretos empolvados 



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