Fernando Morales Muñoz nació el 26 de noviembre de 1962, y pronto llegó a la conclusión de que la realidad retorcerá todo lo imaginado. Esa inquietud le llevó a crear los poemarios: El renacer de los garabatos, El peso de la levedad, Poesías de secano, Un pingüino sobre una rama y Siento, luego escribo, e irrumpe en el teatro con la obra: Rimas y genios. En el ámbito de la música, compone villancicos para su parranda, “La juventud manilveña”. Ha colaborado en diversos libros solidarios y en varias antologías poéticas. Pertenece a los grupos poéticos “Grupo poético de Estepona”, “La balada nómada” y “Taw cultural”.
CUERPOS Y ALMAS. (“A las melodías del flautista de Hamelín”)
Mi cuerpo necesita un silencio en el dolor, una tregua de este atronador compañero. Un descanso de los que tocan la piel con el tacto del aliento del dragón. De los que refriegan su esparto por las inocentes pieles quemadas por sus guerras. Un descanso de los que traen un cielo negro en el rostro con la cicatriz del fortuito rayo, y en su mirada la ácida lluvia. Un descanso de los que atizan con su corazón una sangre de veneno por el venero de su pensamiento. De los que guardan el cataclismo de toda esperanza en sus cabezas de sal, y con ellas, curan sus conciencias. ¿¡Dónde está el poeta!? Ante un llanto de ceniza que pasea por las pecas y el acné en los rostros de la juventud, con el luto que esteriliza la esperanza. ¿¡Dónde!? Mientras una espada de silencio corta las lenguas de los dedos del amanuense, y talan con un hacha de fuego los frutales de la palabra. ¿¡Dónde está el poeta¡? Ante las miradas que brillan con la sombra del mármol de las lápidas. ¿¡Dónde!? Ante los que traen la guerra a la paz de los nidos de azules techos. ¿¡Donde está el poeta!? Ante el que mata la ilusión de la traíña y tapa el surco del arado con el hambre, llenando de orina la boca de los niños. ¿¡Dónde está!? Ante las manos que ahogan los carnavales de la memoria y estrangulan sus gargantas con cordeles de alquitrán caliente. ¿¡Dónde está el poeta!? Ante el cuerpo que viste el planchado uniforme que mata al hombre prometiéndole su libertad. ¿¡Dónde!? Ante el depredador del verde con digestiones de tierra y excrementos de arena. ¿¡Dónde está el poeta!? Ante los que cantan el credo para sí mismos con voces celestiales y azufre en su aliento. ¿¡Dónde!? Ante los que mutilaron el parto de la inocencia y asesinaron sus almas.
¡Ay! El poeta es un toro que huye de su sangre por las esquinas del ruedo de sus pupilas.
Los que mastican con dientes de cartuchera y saliva de pólvora han vaciado sus heces sobre nuestras cabezas pensantes, y nos gritan que vivamos el sueño de su revolución, ¡revolución!, como luciérnagas que adornan la noche de sus sueños, esclavos de sus sombras, soñando con el sol del verso y culpándolo, porque nos abandonó en ese cuento de las mil y una noches que quisimos vivir. Pero ya no habrá quien galope en los unicornios, ya no soplará el viento en la cara del correr de los niños hacia las ventanas de su imaginación, ya no dormirá la adolescencia ante el pecado de la carne, ya no masticaremos el sabor de la tierra en el parto de la lluvia, ya no tropezaremos con los primeros besos regalados, ¡porque todos seremos el desconsuelo en el llanto de la esperanza!, ya no, ya no aguardaremos bajo las sábanas de hilo egipcio a que seamos el sol de la luna enamorada, ya no, ya no, ¡ya no acompasaremos los pulsos del alma!, ya, tu melodía la marcará la bota que pisa las pieles rosadas que iluminan las cunas de la bondad de los niños, que jamás degustarán el elixir de la libertad, ya la imaginación estará muerta, y no se viajará en los tiempos, su carne será solo certidumbre en el presente de una carroña que en su putrefacción huele a cobardía. ¡Dónde están los pensamientos con hilos de ingenio que en el centro de su ovillo guarda un infinito mundo de universos! ¿¡Donde está el poeta!?, dónde la voz de la lírica, del amor, dónde el que ve el sudor de los peces plateados por los dedos del Sol, dónde está el que preñó el nacer del injerto del peral en tus brazos, dónde el que puso la canción en el mármol del oído que fue musgo, dónde el que alimenta la razón con las migas del pan del amor siempre conjugado, dónde el que comanda el ejército de las letras que dispara salvas de razón, dónde está el que premia la contemplación de la ceguera del mundo con la luz del conocimiento, dónde está el que tapa la realidad de una mentira y te la convierte en polvo de hadas, dónde está la gota de lágrima que manó del último poema, dónde la piel que se estremeció ante un verso, dónde la palabra que cuajó la sangre de la herida de la ignorancia, dónde está el bergantín con las velas de esparto que le regaló la tierra, dónde los que visten a la mar con lágrimas de lentejuelas.
Mi cuerpo quiere un silencio en el dolor, una tregua de este atronador compañero.
Quiero con mi ejército de palabras atar los pétalos de todas las razones y hacer la flor del mundo y que seamos primavera, para ello, necesito el polen de tu simple voluntad, la voluntad del poeta, tu voluntad.

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