En esta ocasión el encuentro estará dedicado al poeta romántico "Antonio García Gutiérrez"

En esta ocasión el encuentro estará dedicado al poeta romántico "Antonio García Gutiérrez"
Dedicado al poeta romántico "Antonio García Gutiérrez"

jueves, 24 de octubre de 2013

Marina Ruiz Bravo



Nació en Cádiz en 1988. Su madre le enseñó a leer desde muy pequeñita con la poesía de Gloria Fuertes y desde entonces se enamoró de la palabra. Empezó a rimar y como nadie le dijo nunca que no podría hacerlo, ganó un concurso de poesía infantil a los 7 años. Le gustaba estudiar, así que estudió y estudió y acabó en la Facultad de Medicina de Cádiz. Pero mientras estaba allí se vio atrapada por lo social y viajó en programas de Cooperación al Desarrollo a Nicaragua. Unos años después se hizo monitora en estancias vacacionales con personas con discapacidad, otra actividad que atrapó de lleno todo su corazón y su energía. Por un tiempo vivió en Argentina, aunque actualmente vive en Cádiz. Continúa su formación en medicina y sigue, por supuesto, enamorada: de lo social y de las palabras. 



Enemigos del tiempo

Traigo para ti un par de quizás inverosímiles
pero incuestionables verdades.
Una que quizás intuyeras
es que no existe el tiempo.
Lo crearon esas personas que se pasan horas tras una barrera
Para ver pasar una carrera,
un sólo instante.
Esos que resoplan en el metro
y corren por las escaleras mecánicas.
Los trenes que siempre salen y llegan a la hora exacta.
No sé, pero está claro que el destino
Nunca bajará de uno de esos trenes.
¡Ah solitarias estaciones!
Adioses eficientes
(que no eficaces, que nunca eficaces).

Para gente como tú y como yo no existe el tiempo.
Para nosotros: seres disfuncionales en una sociedad disfuncional.
Perfectos tocadores de narices.
Tomadores de café.
Escritores del insomnio.
Soñadores de los días.
Encarcelados por escándalo público.
Zurcidores de banderas imposibles:
banderas no-banderas.
Anagramas pintados en la pared de los laberintos.
Libertades en la pared de las cárceles.
Los enemigos del tiempo y de las horas.
Los observadores del mar.
Los músicos sin partitura.
Los que asesinaron a los relojes
Por no ponerle una pila.
O los que los tiraron por la ventana.
Esos que tras un aluvión de vida...
..............................
(con sus correspondientes aciertos y fracasos).......
..............................
se miran a los ojos.................
sonríen ..............
...........y se reconocen.

La otra verdad es más incierta
y quizás más abstracta.
La otra verdad es que yo no existo.
No existo salvo en las paredes,
en ese tren que no llega,
en las no- banderas.
No existo en la sociedad-suciedad.
No existo salvo que tras un aluvión de vida...
...............................
(aciertos y fracasos…fracasos)....
...............
Me mire en tus ojos.......
...........................
y entonces................

............ me reconozca.




Reconocerse es examinarse.
Antes de todo es examinarse.
Es una mano que descubre una mano que descubre.
Es un escalofrío o un espasmo
y el lugar anónimo de su génesis.
Es una cicatriz
una imperfección perfecta
una mancha color café.
Es la aproximación de dos mundos que se miran de cerca.
Que se conquistan y entregan.

Reconocerse es identificarse.
Más tarde, reconocerse es indentificarse.
Es descubrir el yo que subyace en el otro.
Es la intuición en la diferencia
de un vértigo de similitud.
Es la mano que al sostenerla, te sostiene.

Reconocer es agradecer,
es la boca que sonríe,
la mano que acaricia la espalda.
Es dar el lugar y la importancia precisa
al placer y a la alegría.
Es el pecho que se eleva tranquilo.

Reconocer es distinguir entre los otros.
Inevitablemente es distinguir.
Es saber que esa mano, que ese olor, que esa mancha...
tienen un nombre y un sueño
distinto a los demás nombres y sueños que pueblan las calles.
Un nombre propio que conoces.
Una piel propia, como un mapa.
Un mapa físico (montañas, valles y ríos)
de una tierra de acogida.

Y por último re-conocer.
Así, separado. Re-conocer.
Es comprender que esa mano descubierta,
esa mano que has aprendido,
esa mano en la espalda,
esos surcos con nombre propio
ya no son los que conocías.

Es el estremecimiento cuando entre una multitud
tu cuerpo reconoce una mancha, una cicatriz, una intuición
que ya no son las mismas.
Por no ser tuyas.
Es aprender a decir adiós
y callar a tu cuerpo que grita
“fuiste mío”
“fuiste mía”.

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