miércoles, 17 de octubre de 2018

RICARDO CARPINTERO



Soy Poeta desde que con 14 años un día en un pueblo minero de la Sierra de Sevilla, recibí una carta anunciándome que había sido premiado con "la flor de plata de Cazalla de la Sierra" al poeta más joven. No pude recoger el premio ya que mi padre participaba activamente en un encierro en la mina en defensa de su puesto de trabajo.
A partir de ahí he seguido escribiendo poemas que una vez terminados reposan en un pequeño baúl esperando el día que el sentido critico que todos tenemos les dejen ver la luz, y ha sido en Cádiz en esta ciudad de plata rodeada de historia y mar, donde se han multiplicado como un banco de peces plateados, treinta años después uno de ellos vuelve a participar en un concurso poético obteniendo un premio Antonio Machado en la bella Ciudad de Alora (Málaga).
Colaboro en distintas Tertulias y Revista como Azahar, Puertas Abiertas a la Imaginación, Ateneo Gaditano etc..
Poemas como "Desde la otra orilla", "El Guardián de los sueños rotos", "La otra María", "Mi amiga Rosa", "En la memoria", hacen que me sienta comprometido con la vida que me rodea. Un abrazo




POEMAS

"Adolescencia tardía"

Despierta libre sueño,
dame calor en esta noche fría,
humedece mi alcoba,
rompe mi armonía,
desata mis instintos,
¡caliéntame! hasta que llegue el día
para que así no te recuerde,
"Adolescencia tardía",
que marcó para siempre la distancia
entre tu vida y la mía.



 “Recuerdos de vinilo”

Llegó la tarde y se apoderó de la casa
una brisa suave permitía respirar con la puerta entreabierta,
dando paso al jardín, los dos frondosos limoneros
se mecían levemente al compás del vinilo de Garfunkel.

“Los recuerdos terminaron, obligándome a soñar”…,

Luis presuroso, me llamó por la ventana golpeando con sus manos la parte baja,
allá donde la madera inclinada sirve de resbaladera a la lluvia
una vez que cae golpeando con fuerza los cristales.

Cerré el libro y corrí hacia la puerta, mientras sonaba de lejos
la voz suave que intentaba retenerme a sabiendas de que sería imposible
con un, -no vengas tarde- terminaba la frase, y -un claro que no, mamá-
quedaba zanjada la polémica.

Eran tardes sin prisas por volver, la calle larga enfilada de casas,
pasaban con ávida rapidez por el rabillo de nuestros ojos,
en una carrera veloz por llegar antes que nadie al rellano del barranco.

Las huertas protegidas por chumberas escalonaban el valle ocultando la vereda,
tu risa ataviada con falda a cuadros y calcetines hasta la rodilla,
presagiaban tu llegada.
-Baja acompáñala- murmuraba tras mis orejas Luisito,
y con un leve golpe en la espalda, intentaba poner en marcha mi zapatos
de cordones aún sin abrochar.

Casi sin darme cuenta, volando pendiente abajo cual gorrión expulsado de su nido,
aterricé frente a Ti, espejo suave de mi adolescencia.

-Que haces chiquillo-, me dijiste elegantemente sorprendida para aliviar mi alborozo,
deslizando tu rosada mejilla hasta juntarse con mis labios.

Como un ofrecimiento tu mano cogió la mía, para perdernos una tarde más,
en la vereda espinosa de la vida..,

El silencio confuso de las agujas del tocadiscos, rosando el último borde del vinilo
me devolvió del ayer..,

Miré hacia la puerta donde la gata de ojos verdes posaba ante mí,
regalándome su instante más hermoso amamantando sus tres cachorros hambrientos,
y comprendí que la vida cincuenta años después..,

Puede empezar de nuevo.


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