lunes, 25 de octubre de 2021

CARMEN HERRERA CABALLERO



“Me pedís que explique brevemente por qué escribo poesía y yo no sé explicarlo. Supongo que es la necesidad de contar lo que siento, cómo me afecta la vida, cómo me emocionan otras vidas o incluso describir esos lugares adonde me lleva el pensamiento, lo que hace que me pare, que me baje del mundo y le de forma. Incluso me atrevería a decir que no siento que escriba poesía, sino que vivo la vida en verso. No es una actividad para mi, sino una forma de ser y de estar”.

Nace el 17 de junio de 1971 en Sevilla, ciudad donde reside actualmente. Pasa su niñez y juventud en Alcalá de Guadaíra, el pueblo de los panaderos, como es conocido en la provincia. Un río, un castillo, un parque lleno de molinos y una “madrugá” del Jueves Santo amaneciendo entre los pinos, marcan un paisaje en su infancia difícil de no tener en cuenta el resto de su vida. Allí y de allí nacen sus primeras letras, que esconde entre sus cajones como si ser sensible estuviera reñido con el mundo.

Tras pasar muchos años dedicada a la familia, decide empezar una nueva vida y hacer de su amor por las letras el vínculo directo con un sueño por cumplir: escribir.

Sus comienzos son pequeñas publicaciones en redes sociales, donde pronto empieza a tener contacto con poetas y escritores, algunos de reconocido prestigio. Le surge la oportunidad de hacer un prólogo para un poeta latino de Nueva York, le eligen poemas para publicarlos en distintas antologías poéticas y aparece en su vida un músico y productor sevillano, Manuel Marvizón, quien después de conocer algunas de sus letras, le pide componer canciones con él.

Es en este momento cuando Carmen empieza a sentir la necesidad de darse un poco más

y decide publicar Alfileres, su primer poemario donde derrama muchos momentos en que la vida se le ha clavado y permite que esa sensibilidad que tanto tiempo tuvo cosida a su pudor, hoy no sea más que uno de los principales motivos de su felicidad.

 

POEMAS


TE JURO

Te juro que no sabía que te irías, que, de haberlo sabido, me habría ido contigo.

Te juro que no quise hacerte costumbre, que fuiste tú quien entraba y salía en cada día que me regalabas.

Te juro que no dejé de pintarme los labios con cada beso que te extrañé, que te esperé en cada puesta, por si querías pasar la noche conmigo; por si amanecer quedaba entre tú y yo…

Te juro que fui más de ti que del aire que me faltaba mientras te ibas, más de ti que de las ganas que nos sobraron. Fui más de ti de lo que nunca sabrás.

Porque de haberlo sabido, seguramente, no te hubieras ido…

 

SIN RESGUARDO

  

¿Pero tú me quieres?

¿Tú quieres quererme?

Porque tengo yo en mi historia

dos páginas en blanco

y si tú quieres, escribimos algo;

si tú quieres quererme,

te las guardo.

 

Pero tienes que quererme tanto

que la tinta con que escriba tu nombre

se derrame por estar temblando.

Tienes que quererme tanto

que yo cierre mi historia

cuando esté en tus brazos.

 

Por eso tienes que quererme

para siempre y mientras tanto,

como a nadie y sin resguardo…

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