miércoles, 16 de octubre de 2019

LUIS ALBERTO FERNÁNDEZ PIÑA


Luis Alberto Fernández Piña (Cádiz, 1986) es monitor de Educación Ambiental y fotógrafo de naturaleza. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España, del Club de Letras de la Universidad de Cádiz, de la Asociación Colegial de Escritores de España y del Certamen Internacional Poético «Encuentros por la Paz». Ha publicado poemas y breves relatos en la Revista Hércules Cultural de la Asociación Hércules de las Artes y las Letras. Asimismo, participa con sus textos literarios en Speculum, la revista del Club de Letras de la Universidad de Cádiz. Ha realizado un taller de poesía dirigido por la escritora —Premio Planeta— Carmen Posadas. A los veintiséis años escribió Bytes y Ciberespacio, su debut de ciencia ficción que editó en 2015. En 2018 publicó Sin tu mirada no existe la luz, su primer poemario. En 2019 ha publicado una selección de relatos y poemas titulada Los sueños caen de las estrellas, y Coronas de terciopelo, una antología de cuentos con mensajes reflexivos.


Sur, en mi corazón
En la fertilidad de la tierra,
desde el fervor del aire,
bajo el empuje del mar;
en las entrañas de la agonía,
sustrato rígido de la vida,
manto espeso y eviterno:
allí, entre la silueta de la Serranía
y la magia de Los Alcornocales,
vio la luz mi alma,
en una tierra heredada,
sufrida, luchada y apaleada;
ahora, en calma.

Abrí los ojos entre simientes
de algodón, remolachas y naranjos,
embadurnadas en esperanzas;
con los balidos a coro
de unos ecos lejanos
por los vigías del recuerdo, inmóviles,
en los campos de labranzas,
apoyados en sus bastones de acebuche,
bajo las sombras de los huertos
moldeados por las sabidurías uncidas
en las climatologías del destiempo.

Respiré, por primera vez,
el brillo dorado de unos campos
cultivados por bocas hambrientas,
manos duras, encallecidas
y castigadas, bajo el yugo, imperdonable,
de la servidumbre herrada.

Soñé con olas de areniscas
bajo puentes de caliza ennegrecida,
sobre nubes de mares esmeraldas
de quejigos, alcornoques y madroños;
laureles, pinsapos y castaños;
con los fantasmas del bosque
reclamando su presencia escurridiza
entre balidos, gorjeos y zumbidos;
gruñidos, croares y aullidos.

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